Las finales siempre son así de injustas, un equipo se lleva la gloria y levanta a los cielos el trofeo que lo acredita como campeón. El otro, hundido en una tristeza que sólo puede ser descrita por aquellos que han tenido la amargura de saberse subcampeones, se conforma con un segundo lugar que muchos añorarían, pero que tarde o temprano termina con sabor a fracaso.
El Atlético de Madrid demostró superioridad en todo momento frente al Athletic de Bilbao, que dicho sea de paso, murió con la cabeza en alto. Diego Simeone le ganó la partida a Marcelo Bielsa y probó que tiene la capacidad suficiente para hacerse cargo de un equipo de élite mundial.
Falcao tuvo una de esas noches que todo futbolista sueña cada vez que su cabeza toca la almohada. Fue una fiera en el área rival y con magia logró dos golazos que sólo los cracks pueden marcar. Para Llorente la historia fue totalmente opuesta, jugó incómodo de espaldas al arco y Leer más »
