Pontus Wernbloom de pequeño soñó con vestir la casaca blanca, mientras pateaba un balón gastado contra la pared de su escuela en Kungalv, su pueblo natal en Suecia. Fantaseaba de ser la estrella del Real Madrid, su equipo preferido. Creció viendo a Raúl, Redondo, Fernando Hierro y tantos otros grandes jugadores. Su amor por los merengues lo hizo afiliarse a la Peña Madridista de Suecia.
Se inició en el fútbol en el Goteborg de su país, jugó en el AZ Alkmaar de Holanda y recientemente fue traspasado al CSKA de Moscú, rival del Real Madrid en la Champions League. El destino quiso que debutara en la competencia europea enfrentando al club de sus amores.
Cuando parecía que los rusos se quedarían con las manos vacías, Wernbloom remató ante su ídolo Iker Casillas para conseguir el empate agónico de su equipo.
Este aficionado blanco amargó al Madrid cuando apenas quedaban unos segundos de los tres minutos que había adicionado el árbitro. Nos imaginamos la sensación agridulce para Wernbloom, dividido entre la lealtad a su club actual y su fanatismo por el Real Madrid.


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