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Mujer de 98 años es la primera en convertirse en sensei de judo

Por Jessica Ashley
   
Si obtener un cinturón negro está dentro de tus prioridades en la vida, esta mujer en San Francisco debe ser tu máxima inspiración.

A sólo dos años de celebrar su cumpleaños 100, la Sensei Keiko Fukuda se convirtió en la primera mujer el alcanzar el décimo grado de cinturón negro, es el máximo honor al que puede aspirar un practicante del judo. Fukuda se convirtió en una de cuatro personas en el mundo que tienen el décimo dan en la publicitada arte marcial.

Para explicar mejor este logro, sólo 16 personas en toda la historia han alcanzado este honor y se han convertido en Sensei.



Fukuda empezó la práctica del judo en 1935 y es la única sobreviviente del maestro fundador del judo, Kano Jiguro. Cuando se convirtió en gran maestra y empezó a enseñar, viajó a los Estados Unidos, aprendió inglés y ayudó a difundir el judo a nivel internacional.

En una época en la que casarse y tener hijos era la norma para las mujeres, Keiko se rebeló, no se casó y se dedicó por completo al arte marcial que amaba.

"Todo lo que hago se llama judo ...ese es mi matrimonio" explicó Fukuda para el San Francisco Chronicle. "Ese era el destino de mi vida. Lo único que nunca pude haber imaginado era lo largo que sería el camino."

Ella describe la escuela del maestro Jiguro, conocida como el Kodokan, como achapada a la antigua y sexista en cuanto a rangos y conturones se refería. De hecho una regla que no permitía a las mujeres ir más allá del quinto dan tuvo a Keiko estacionada en este nivel durante treinta años. Finalmente fue ascendida a sexto dan en 1972, cuando la escuela para mujeres fue creada.

Fukuda explica que la razón de sus estudios de judo tienen un sólo fin, "ser amable, tranquila y hermosa, ser firme y fuerte tanto a nivel mental como físico." Explica que la belleza que persigue no es para nada externa. "Un alma compasiva es algo hermoso, pienso que es lo más hermoso que un ser humano puede expresar, ese ha sido el sueño de mi vida."

El sueño de su vida se ha hecho realidad a los 98 años y ella sigue enseñando el amor y la belleza de un alma buena a través del judo tres veces a la semana en un dojo femenino de San Francisco.

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