Rumbo Brasil 2014

El día que Donovan desprestigió a México

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Se venía un partido eliminatorio entre Estados Unidos y México para el Mundial de Alemania. Era 2005. Landon Donovan, quizás el jugador estadounidense más odiado por la afición tricolor, recordando a la prensa nacional la derrota de la selección mexicana en el Mundial de 2002, decidió desprestigiar como nunca antes a su vecino del sur.

“Nos tienen envidia porque tenemos una vida y ellos no tienen nada, por eso nos desprestigian”, dijo sin temor a la represalia de los mexicanos. Donovan, hijo de Edgar Bryan Donovan Durant, un jugador semiprofesional de lacrosse originario de Canadá, y de Donna Lizzet Kenney-Cash, maestra de educación especial en un colegio, se ha convertido desde hace años en el antagonista americano por excelencia.


A esas declaraciones, que calaron hondo en el orgullo mexicano, se unieron las de su no arrepentimiento el día que en un partido en un torneo Preolímpico en Guadalajara, en el Estadio Jalisco, orinó en los arbustos cercanos al terreno de juego. “No tengo remordimiento, tienes que hacer lo que tienes que hacer y en ese momento lo hice”, aseveró a los medios de comunicación nacionales.

La rivalidad entre México y Estados Unidos no sólo es producto de lo que sucede en el campo de juego en los últimos años, quizás décadas, sino desde tiempo atrás. Las razones son sociales. Mientras miles de mexicanos año con año intentan cruzar la frontera en busca del sueño americano que los haga olvidar la pobreza, los estadounidenses, con la llegada de tanto inmigrante, y con una crisis económica de raíces profundas, comenzaron a despertar un odio latino sin precedentes.

México es el vecino pobre del norte. Así lo consideran los estadounidenses, al mismo tiempo que se convencen de que algunos de los problemas que tiene la República mexicana como país, suben a su territorio como si de vapor de agua se tratara.

Este miércoles, el Estadio Azteca vuelve a ser testigo de una rivalidad que alcanza proporciones mayores cuando los sentimientos y el orgullo entran en juego. No sólo se juega un partido de futbol, sino la dignidad y el coraje que nos caracteriza a ambos países por su raza y sus costumbres.

Por eso, aquel día que Donovan aseguró que el problema de los mexicanos sobre los estadounidenses era de envidia, la afición mexicana encontró en el delantero norteamericano un enemigo público.

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