“El boxeo argentino espera alguna figura que lo relance”

 

“El boxeo requiere de una disciplina y de un esfuerzo generalizado que el joven de otros tiempos estaba preparado a hacer en pos de la superación, y el de hoy no. También se perdió sabiduría con una generación de entrenadores, managers, promotores, analistas y periodistas que ya no están”, aseguró Osvaldo Príncipi, histórico relator y comentarista de boxeo, durante el diálogo que mantuvo con Infobae.com.

Por eso hay muchos que sostienen que Argentina ya no es la gran fábrica de boxeadores que era hace cuarenta o treinta años, cuando brillaban Nicolino Locche, Carlos Monzón, Víctor Galíndez y Sergio Víctor Palma.

Aunque parece que las estadísticas muestran lo contrario. “Argentina tuvo habitualmente unos 15 o 20 boxeadores rankeados a nivel mundial, y ahora no está lejos de esa cifra. No creo que en este momento no haya boxeadores en el primer nivel mundial. Sí es cierto que el país no tiene demasiados aspirantes al estrellato, como ocurría antes”, le contó Ernesto Rodríguez, periodista especializado en boxeo, a Infobae.com.

 

En busca del estrellato mundial

 

“Sergio Maravilla Martínez, Lucas Matthysse, Marcos René Chino Maidana, Omar Narváez, Juan Carlos Reveco, son todos boxeadores que tranquilamente pueden estar en carteleras internacionales de primer nivel. Es relativa la decadencia del boxeo nacional”.

Sin embargo, sostiene que los promotores, que buscan obtener la mayor cantidad de dinero posible de los boxeadores que manejan, muchas veces terminan conspirando contra el espectáculo.

“El boxeo argentino se encuentra en una meseta por la sobreprotección que se hace de los buenos valores. Los promotores no hacen pelear entre sí a los mejores, sino que los enfrentan con rivales de menores recursos. Entonces el público asume que los combates no van a ser buenos, y no apoya”.

Eso, que no es otra cosa que la primacía cada vez mayor del negocio por sobre el deporte, hace que Príncipi sea crítico de la calidad del pugilato en la actualidad. “El boxeo del siglo XXI es inferior técnicamente al del siglo XX. No prepara a los boxeadores con la misma madurez que lo hacía en el pasado. La gran cantidad de peleas que exige la televisión y la ausencia de educadores hacen que el boxeador no llegue en plenitud a su momento cumbre. Llega antes y se acaba antes”.

 

¿Deporte de masas?

Con o sin decadencia en el nivel, es evidente que el boxeo ya no es tan convocante como lo era en el pasado. Un ejemplo es que el país no se paraliza cuando un pugilista local pelea por el título mundial, como ocurría ante cada combate de Monzón.

“La falta de figuración del boxeo se relaciona con que otros deportes recibieron mayor atención por parte de los medios”, afirma Rodríguez. Es cierto que desde 1990 se multiplicaron las transmisiones y los programas televisivos dedicados exclusivamente al fútbol. Pero también lo es que se emiten muchos más combates que antes.

“La transmisión de las peleas por televisión hizo que el público se alejara de los grandes escenarios. Hoy tampoco hay uno fijo. En otros tiempos estaba el hábito de ir el sábado a la noche al Luna Park”, aseguró Príncipi.

Pero para Rodríguez lo que pasa es que el deporte se hizo más federal y ya no está concentrado en Buenos Aires. “Por fin de semana se generan no menos de 12 festivales en todo el país y hay cinco canales de televisión que tienen ciclos de boxeo, así que sigue siendo un deporte convocante”.

¿Y por qué asisten los espectadores? ¿Por amor al boxeo o a algunos boxeadores? Cuando era más masivo, el público no iba a las grandes veladas boxísticas para ver cualquier pelea, sino para admirar a algunos ídolos que ya no aparecen.

 “La última figura convocante fue Rodrigo la Hiena Barrios, que por sus errores afuera del ring perdió toda la idolatría que tenía. El boxeo está esperando alguna figura que lo vuelva a relanzar como un deporte de gran figuración”, contó Rodríguez.

“La reaparición de Maravilla Martínez presenta un boxeador distinto, con inquietudes artísticas y con una vida bastante particular, que puede abrir la puerta a la revalorización del boxeo en el gran público”, agregó.

Maravilla: la esperanza

Martínez nació en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en 1975. Entrado el año 2000, su carrera boxística iba en ascenso, hasta que el 19 de febrero se enfrentó con el mexicano Antonio Margarito, que en ese momento era un claro aspirante a campeón mundial de los medianos, título que conseguiría meses más tarde.

Ese día Maravilla perdió su invicto por nocaut técnico en el séptimo round y, desde entonces, se retiró de los primeros planos. Al año siguiente Argentina entraba en una de las crisis económicas y políticas más grandes de su historia y Martínez tomó la decisión de migrar a España. Se fue a vivir a Azuqueca de Henares, un pueblo en la provincia de Guadalajara.

Si bien siguió peleando, el boxeo pasó a un segundo plano en esos años, ya que no le alcanzaba para sobrevivir. “En 2005 prácticamente no era boxeador. Se dedicaba a dar clases de educación física, trabajaba de portero en una disco y se sacaba fotos para una marca de ropa deportiva”, contó Rodríguez.

“Pero en su peor momento allá, cuando estaba al límite de la supervivencia, consiguió una pelea en la que iba de punto y terminó ganando, lo que le permitió rearmar su carrera”, agregó.

La cima la alcanzó el 16 de abril de 2010, al vencer en 12 rounds al estadounidense Kelly Pavlik. Esa noche Martínez se convirtió en campeón mundial de los medianos del Consejo Mundial de Boxeo (Vea el recuadro).

“Tiene condiciones físicas increíbles, que le permiten ser muy veloz de piernas y de manos, y en los movimientos de cintura y cabeza para evitar golpes. Pero además es un obsesivo de la táctica, que estudia a sus rivales para aprender. No es un talento natural como podía ser Locche, que no necesitaba conocer a su contrincante para saber lo que tenía que hacer”, explicó Rodríguez.

Pero no todos son optimistas acerca de las posibilidades que tiene Maravilla de lograr que el boxeo argentino vuelva al lugar que tenía años atrás. “Martínez es un buen campeón, que hubiese tenido sobrevivencia en cualquier década. Pero al igual que Omar Narváez, no se compara con los grandes que hicieron la historia”, afirmó Príncipi.

Es indudable que sus 37 años le juegan en contra, ya que es difícil que pueda mantenerse mucho tiempo más en el primer nivel. Sin embargo, es evidente que hay algo especial en Martínez. Todavía no se puede saber si lo suficiente como para convertirlo en el nuevo gran ídolo del boxeo argentino, pero sí para volver a entusiasmar al público masivo y devolver el pugilato argentino a las primeras planas del mundo.

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