Un equipo popular y necesitado de éxitos

Los Angeles Lakers es el equipo más simpatizantes tiene de la Conferencia Oeste. New York Knicks es la franquicia más seguida de la Conferencia Este. Son algo así como el River y el Boca de la NBA. Por eso saber que un argentino jugará como local en el Madison Square Garden es una noticia histórica para nuestro básquetbol.

Sobre los Knicks, lo primero que hay que decir es que, entre los deportes populares norteamericanos, son el conjunto de la ciudad más necesitado de éxitos. Los Giants son los actuales campeones del fútbol americano (NFL), ganaron el último Super Bowl; los Yankees conquistaron la Serie Mundial de beisbol (MLB) por última vez en 2009, y los Rangers se alzaron con la Copa Stanley de hockey sobre hielo (NHL) en 1994. Los Knicks no ganan un anillo de la NBA desde... 1973. Ya serán 40 años sin títulos.

Sin embargo su público no abandona al equipo y se entusiasma con cualquier buena noticia. El año pasado, tras sumar a Carmelo Anthony (ex Denver), vio la aparición de Jeremy Lin, un jugador desconocido y con poca proyección (fue descartado por Golden State y Houston), que se convirtió de la nada en la figura y desató una verdadera locura en Nueva York. "Linsanity", fue el término que usaron los medios para explicar el fenómeno.

Pero Lin se lesionó, igual que Baron Davis e Iman Shumpert. El equipo se quedó sin bases en los playoffs, terminó 7° en su Conferencia y fue eliminado en 1ra rueda por Miami Heat. Mike D'Antoni dejó el cargo de DT y en su lugar asumió Mike Woodson, que se reunió con Prigioni el mes pasado para contarle que lo quería para acompañar a Lin.

Los traspasos en la NBA están comenzando, pero se sabe que seguirán Anthony, Tyson Chandler, Amar'e Stoudemire y J.R. Smith. Llegaron dos bases veteranos, como Prigioni (35) y Jason Kidd (39), y el ala pivote Kostas Papanikolaou (23), figura de la selección de Grecia. El objetivo, aunque difícil, es el mismo que persigue desde hace 40 años.

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