Dos lecciones que deja esta Copa: la gloria no se alcanza con subcampeonatos y "hay vida" después de Riquelme

Si había algo que se les venía pidiendo a este plantel, que había entregado todo, llegando hasta las instancias finales de los torneos que se le presenten, era que obtuviera un campeonato. Ni “Triple Corona”, ni el más campeón de América, ni nada. Sólo un campeonato, para volver al lugar que nunca debimos haber abandonado. Boca salió a jugarlo como una final de Libertadores, que no logró demostrar en Brasil, y con mucha entrega, solidaridad y el peso de su historia, mostró que la era “Post Riquelme” puede ser con gloria. ¡Felices 52 estrellas!

 

Claro que si nos dicen que a esta Copa Argentina le dimos importancia en el final, cuando ya nada nos quedaba por festejar y luego del “fracaso” de haber perdido el Torneo Clausura y la Copa Libertadores, les vamos a dar la razón. Pero no por eso se iba a dejar pasar esta chance. Por todo lo que había entregado, este plantel necesitaba (y merecía) ganarla. Y vaya logro tuvimos, porque no caben dudas que con este certamen ganamos mucho más que un título.

 

Y no sólo por lo que significa volver a disputar una Sudamericana, torneo que no jugamos hace tres años, sino porque nos reencontramos con nuestra rica historia. Esa que nos hace pelear títulos, lograr campeonatos y no dar nada por perdido. Esa que nos tiene como el más ganador del plante. Y si había algo que se le demandaba, luego de los últimos partidos, se pudo ver hoy. Ante Racing sobró esa actitud que se le reclama a todo jugador que viste la azul y oro.

 

¡Y si! Por fin, los jugadores entendieron el mensaje de que los segundos en Boca no valen, que no sirven las “buenas campañas” y por qué no, que uno se puede ilusionar con una era “Post Riquelme” plagada de éxitos. Mirá si este título tiene cosas para festejarlo. Porque para nada somos desagradecidos, pero "pucha" que estamos acostumbrados a festejar que el haber jugado un semestre maratónico, y estar en todas las finales, no nos alcanzaba sin una consagración.

 

Y en medio estaban las críticas, las dudas internas y la nostalgia por la salida de uno de nuestros máximos ídolos. Pero tras su partida, ahora hay que pensar que sí se puede. Que hay un después de Román. Claro que el juego aún es una cuenta pendiente y eso no se discute. Pero lo que está más que claro es que con esta actitud se puede soñar en grande. Como se dijo antes, lo real e importante es que los jugadores supieron entender de errores pasados y aprendieron la lección de cómo se ganan las finales.

 

Con entrega y solidaridad. Con garra, actitud y corazón, volvimos al lugar del que nos corresponde. Ahora sí, a hacer valer las 52 estrellas que nos vuelven a colocar como los más ganadores del planeta.

 

Ángel Quiroga

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